Las
organizaciones del narcotráfico en México han acumulado tanto poder a lo largo
de los años, convirtiéndose en un tipo de cáncer dentro del núcleo del país
hasta el punto de convertir el término ‘narcotráfico’ en sinónimo de México. La
naturaleza clandestina e ilegítimo de estas organizaciones y carteles hace que
el reto de eliminar su presencia en la sociedad se convierte en algo casi
imposible. Como en el caso de todos los mercados de estupefacientes en el
mundo, cuando matan a la persona o grupo que encabeza un territorio (la táctica
adoptada por Calderón), siempre y cuando haya demanda y un mercado, alguien más
lo sucede.
Por razones de corrupción
dentro del establecimiento político y falta de un plan adecuado, el método adoptado
por Calderón (y sus sucesores) en su guerra contra las drogas hizo que los más afectados
no fueron las organizaciones criminales, sino que los ciudadanos mexicanos inocentes
y la sociedad en general. Tanto como en Estados Unidos como en Colombia,‘la
guerra contra las drogas’ en México no puede ser ganado usando soldados y armas,
simplemente porque el enemigo no es un estado, ni una organización, ni un individuo,
sino que una reacción a un país que está enfermo hasta la médula.
En México, la
tasa de desaparecidos es verdaderamente alarmante. Bajo la administración de Calderón,
más de 26,000 personas desaparecieron. En un secuestro no poco común, 11 jóvenes
desaparecieron de un bar en la Ciudad de México en Julio de 2013 y encontraron
sus cadáveres a las afueras de la ciudad al final de ese año. Aunque no se podría
confirmar con certitud la vinculación entre todos los secuestros y el crimen
organizado, esto demuestra el poder que tienen las organizaciones narcóticas en
la esfera pública- la capacidad de secuestrar y matar miles de personas sin
repercusiones severas. Sin embargo, sí tienen grandes repercusiones para los
ciudadanos y el gobierno mexicano.
Según una
encuesta, 39% de los mexicanos creen que los carteles tienen más poder que el
mismo presidente del país, un número que se ve aumentando cada vez más. Uno de
los datos más interesantes de una encuesta fue que 57% de los mexicanos
prefiere vivir en paz, incluso si eso significa que existan los
narcotraficantes. En 2017, se reveló que 61% de los homicidios correspondían a
la guerra entre y contra el narco. Hay una correlación entre el aumento de
violencia entre las fuerzas armadas y los carteles, y la disminución de opinión
favorable hacia la guerra contra los narcos.
Por lo tanto, después
de entrevistar y hablar con amigos y gente mexicana sobre el tema del narcotráfico,
encontré algunos puntos muy interesantes. Por lo general, algo que llegó a ser bastante
claro para mí fue que el tema del narcotráfico no era una conversación casual
ni común. Dado la naturaleza ubicua de las organizaciones narcotraficantes, los
entrevistados me explicaron que al iniciar ese tipo de conversación te pones en
una posible posición de riesgo. En algunos casos, casi no recibí una opinión concreta
sobre la presencia y el poder de cárteles en el país, lo cual es (creo yo) indicativo
a su posición arraigada en la sociedad- algo de lo cual casi no se habla ni se opina.
En los casos
donde sí recibí una opinión, encontré un solo punto de vista en general. Mis
amigos se sintieron más alineado con los resultados de la encuesta, que el
gobierno no debería seguir con la guerra contra las drogas, dado que es algo
que claramente no ha funcionado durante los últimos 13 años y ha provocado miles
de muertes. Parecieron aceptar la cultura del narcotráfico como parte de la
sociedad que nunca se podría eliminar. Algo muy claro para mi fue que los
entrevistados habían perdido completamente su confianza en el gobierno, no solo
para resolver el problema de la violencia, pero con todos lo problemas socioeconómicos.
Estaban convencidos que los carteles todavía tienen bastante poder dentro de la
política mexicana y que la corrupción política dentro del gobierno era un hecho
bien conocido.
Mientras que los
resultados de esta investigación eran algo sombrío, el tema del narcotráfico en
México permanece un estudio fascinante y perspicaz.
Fuente de encuesta:
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